El problema es que con las herramientas actuales (como son las tablas de Excel) es de mucho tedio empezar cada nuevo semestre desde una planificación en cero; resulta mucho más cómodo seguir repitiendo los mismo patrones de desarrollo de clases, como hasta el momento se han hecho, sin tener que innovar sobre ningún aspecto didáctico; se sabe qué tipo de estrategias podrían mejorar las clases, qué tipo de conocimientos hace falta construir en los estudiantes, y también se sabe con cuáles actividades potenciaríamos de manera enorme la consecución de dichos aprendizajes. Pero esto no basta, porque si la labor de planificar del docente se incrementa exponencialmente, entonces no se le ve lo práctico de este ejercicio.
Muchos docentes han sido instruidos en las técnica de planificar, asistiendo a talleres organizados por esta universidad, lo cual evidencia los esfuerzos hechos para dotarlos de las herramientas, sin embargo al momento de llevarlo a la práctica les ha resultado de mucho consumo de tiempo y esto ha desmotivado a los docentes y lo han dejado en el pasado. Los docentes consultados no realizan un buen esfuerzo en planificar; algunos, planifican mientras avanza el ciclo, y en hojas sueltas, lo que no les permite darle un seguimiento lógico y reflexivo a sus sesiones de clases; otros, por pericia, se limitan a repetir hasta el infinito lo que a través de los años han hecho sin dedicar tiempo a planificar.
¿Y cómo se garantiza que unos docentes puedan aprovechar las buenas prácticas de otros? Los docentes del departamento de humanidades normalmente enfrentan esta limitante. Y es aquí donde se localiza el problema: cómo hacer que la plantificación resulte una experiencia enriquecedora, placentera y de fácil elaboración, en términos de tiempo, garantizando la colaboración. Cómo lograr que al planificar se empleen todos los criterios que exigen las taxonomías vigentes (Bloom), las cuales son enseñadas en los cursos para docentes antes mencionados.